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Nuevas Tecnologías

“Innovar es mejorar la vida de las personas, no llenar los hospitales de pantallas.”

David Marí dirige la Unidad de Salud Digital de Eurecat, el centro tecnológico de referencia en Catalunya. Desde allí impulsa proyectos que conectan ciencia, tecnología y sociedad con una idea clara: la innovación solo tiene sentido si genera impacto real en las personas. Ingeniero de formación y gestor por vocación, defiende una visión pragmática y a la vez crítica sobre la digitalización del sistema sanitario. “Hemos confundido la transformación digital con el simple acto de poner tecnología sobre estructuras antiguas”, advierte. Y no le falta razón.

En un momento en que la salud digital se ha convertido en un terreno donde conviven el progreso, la burocracia y la saturación, Marí propone recuperar el sentido común: priorizar el valor, medir el impacto y recordar que detrás de cada algoritmo hay una decisión humana. El objetivo no es hacer hospitales más tecnológicos, sino sistemas más inteligentes, sostenibles y humanos.

La conversación se mueve entre la lucidez y la incomodidad. Hablar con alguien que cree en la innovación como herramienta de cambio, pero que al mismo tiempo cuestiona la fe ciega en la tecnología, es un ejercicio saludable. Para el sistema… y para el lector.

Rat Gasol: Eurecat es sinónimo de innovación aplicada. Pero la salud es un ámbito especialmente sensible. ¿Qué significa, para usted, innovar en salud sin perder el sentido?

David Marí: Puede sonar muy simple, pero yo entiendo la innovación como la capacidad de mejorar las cosas. Se habla de muchos tipos de innovación: en procesos, en producto, en servicios, en modelos de negocio… pero para mí,

todo tiene una base común, que es la de promover cambios para mejorar la vida de las personas. Esto se puede aplicar directamente al sector salud, por supuesto. Para Eurecat es primordial buscar que las aplicaciones tecnológicas tengan un impacto positivo en la vida de quienes las usan. A veces esto puede implicar no utilizar la última tecnología si esta no se adapta a la necesidad del usuario. Hay un ejemplo que me gusta mucho citar: a veces introducir un número en una pantalla es mucho más rápido que sincronizar un dispositivo inalámbrico. Cierto es que la medida inalámbrica no tendrá errores, pero la adherencia del usuario bajará en picado si cada vez que toma una medida de su peso tiene que esperar tres minutos a que una báscula digital envíe la medida a la app que recoge el dato. Esto pasa mucho en ciertos proyectos de salud digital y es fundamental co-diseñar las soluciones con los profesionales y los pacientes para anticipar este tipo de rechazos.

Rat Gasol: Si tuviera que hacer un diagnóstico del sistema sanitario desde la óptica tecnológica, ¿cuál sería su principal patología? ¿La falta de estrategia, la fragmentación o el miedo al cambio?

David Marí: Todas ellas pueden contribuir de un modo importante, pero creo que la fragmentación dificulta especialmente la absorción de novedades tecnológicas. Sin embargo, pienso que hay que abrazar la fragmentación desde un punto de vista de integración y coexistencia de soluciones. Hay que pensar que el sistema de salud en Catalunya y España es complejo: conviven múltiples organismos en un marco de gestión sanitaria público-privado con diferentes roles y responsabilidades. Navegar en esa complejidad no es trivial, pues existen muchos vectores de decisión que marcan el rumbo de cómo llega la innovación tanto a los proveedores de salud como a los usuarios.

Rat Gasol: Hablamos mucho de inteligencia artificial, pero los hospitales siguen arrastrando formularios, procesos manuales y sistemas que no se comunican entre sí. ¿Dónde se encalla realmente la digitalización?

David Marí: Todo tiene sus tiempos y es importante entender la capacidad de asimilación de los centros y los profesionales sanitarios. En múltiples ocasiones se ha entendido que el profesional sanitario abrazaría el uso de la tecnología viniera como viniera, pero cuando esto no se presenta de manera ordenada y con evidencias de que ello va a suponer una mejora en la práctica clínica, aparece la resistencia. Yo lo entiendo perfectamente, porque le puedes ofrecer a un clínico un nuevo sistema de monitorización remota de pacientes, pero si eso no está integrado en su operativa diaria y no le ayuda a reducir su carga de trabajo (especialmente la burocrática), realmente no le estás ayudando.

Por otro lado, pienso que poco a poco la tecnología y la digitalización están ocupando su lugar en la prestación de servicios sanitarios. Creo que iniciativas como los portales de salud (como “La Meva Salut” en Catalunya) apuntan claramente en esa intención de facilitar a los ciudadanos y a los profesionales tener una interacción sanitaria de mayor calidad.

Respecto a las posibles dificultades para abordar procesos de digitalización, creo que el factor decisor es clave, y quizá una mirada más centrada en cómo la ingeniería puede apoyar la parte operativa sería muy útil. Por supuesto, contar con dotaciones presupuestarias adecuadas para abordar la digitalización es también fundamental.

Rat Gasol: ¿Nos hemos obsesionado con la digitalización como fin y no como medio? ¿Qué es exactamente lo que se ha malentendido?

David Marí: En parte sí, por lo que comentaba de priorizar la cantidad de herramientas digitales frente a la calidad y a priorizar el servicio del profesional. No creo que haya, en general, malas intenciones o iniciativas poco meditadas, pero el sistema es complejo y, cuando la dirección de un hospital quiere promover una mejora tecnológica —normalmente a través de su grupo de innovación—, esto impacta directamente en el departamento de IT del hospital, que es quien tiene que lidiar con la puesta en marcha de nuevos sistemas y convivir con el día a día de los que ya están en funcionamiento, lo cual no es tarea fácil.

Creo que es imprescindible la alineación de esos tres elementos: dirección, innovación e IT. Y ello implica estrategia, tiempo e inversión.

Rat Gasol: Cada semana aparecen nuevas apps, dispositivos y soluciones “revolucionarias”, pero pocas transforman de verdad la práctica asistencial.

¿Se está vendiendo más relato que realidad?

David Marí: Es normal que en un mercado como el sanitario sea así. Me interesa mucho cómo la práctica asistencial se está viendo impactada por la aparición de numerosos sistemas de fabricantes que en muchos casos son capaces de “sugerir” patologías. Digo “sugerir” porque la mayoría de estos dispositivos no tienen certificación médica, pero lo salvan con un “si encontramos algo raro, te avisaremos y ve al médico”. Esto lo podemos ver en muchos relojes inteligentes que existen hoy en día.

Creo que, por un lado, es muy interesante que este tipo de dispositivos estén concienciando a las personas a cuidar de su salud, y el efecto “arrastre” que ello puede generar en el sistema (para bien). Pero es muy significativo que los grandes fabricantes tecnológicos hagan esta clara apuesta sobre la salud.

Luego está el tema de los datos, que creo que es un aspecto absolutamente fundamental, no solo desde un punto de vista ético, sino en cómo las soluciones actuales deben empoderar a los usuarios a gestionar sus propios datos de salud de manera autónoma, dándoles la oportunidad de decidir qué hacer con ellos, porque son suyos. En Europa las regulaciones ya van en este sentido, y esperemos que puedan ayudar.

Rat Gasol: Muchos proyectos piloto acaban diluyéndose por falta de escala, de financiación o de visión. ¿Dónde cree que se pierde el valor: en la idea, en la gestión o en la política?

David Marí: Opino que en la falta de visión a largo plazo. La aplicación de nuevas tecnologías en salud es una maratón. Los proyectos tecnológicos en salud tienen un marco muy concreto, porque requieren del desarrollo tecnológico, de la validación clínica, de la regulación y certificación, y finalmente, de la puesta en servicio, teniendo en cuenta el mantenimiento que ello conlleva.

Este plan de ruta muchas veces se queda en la primera parte de desarrollo y algún piloto de validación, pero, como decía, estamos hablando de una carrera de fondo. Lo que vemos en nuestra experiencia desde Eurecat es que, en el total de un proyecto, el desarrollo tecnológico es una parte importante, pero las otras etapas lo son igual o más. También hay que tener en cuenta que el coste de escalar un piloto exitoso requiere más financiación, y en algunos casos esas partidas no se contemplan desde el inicio.

Rat Gasol: La IA promete diagnósticos más rápidos y tratamientos personalizados, pero también despierta recelos. ¿La ve como una amenaza para la humanización o como una oportunidad para recuperarla?

David Marí: Considero que el factor humano siempre estará allí, por lo menos en los procedimientos complejos. Actualmente la IA se enfoca en promover sistemas de soporte a la decisión que pueden ahorrar mucho tiempo a los profesionales, pero deberán validarse. Sam Altman, CEO de OpenAI, confiaba en que ChatGPT, para 2035, ya podría diagnosticar pacientes y curar enfermedades. Creo que es algo impresionante, pero la explicabilidad de los sistemas de IA —es decir, la capacidad de interpretar y entender cómo ha obtenido sus predicciones o resultados— resultará fundamental para su aplicación.

La supervisión será necesaria. Lo veo un poco como el caso de la aviación: al final ellos están allí por si ocurre algo, pero la automatización de los aparatos es tan elevada que prácticamente vuelan solos. En China, la Universidad de Tsinghua ha creado una IA hospitalaria con 42 doctores artificiales en 12 especialidades que se entrenaron con 500.000 pacientes sintéticos, dando a entender, por los resultados obtenidos, que se podrían llegar a tratar a 10.000 pacientes con un 93% de efectividad en varios días. Esto se integró en el hospital de Chang Gung a mitad de este año, donde estos doctores virtuales están conviviendo con doctores humanos para poder, de manera conjunta y colaborativa, incrementar la capacidad de atención.

Rat Gasol: Los datos médicos son el oro del siglo XXI. ¿Quién debería tener el control: el paciente, el sistema público o las empresas tecnológicas?

David Marí: La legislación de la UE ya está avanzando en tratar estas cuestiones, y pone el foco en los pacientes, cosa que sin duda comparto. La gran cuestión es cómo darles a los pacientes las herramientas necesarias para poder gestionar sus propios datos de salud: decidir si quiero que mis datos se puedan compartir en un estudio clínico, para entrenar un algoritmo para la sanidad pública o, directamente, para quedármelos e impedir que nadie los use.

Eso tiene que ser decisión de los pacientes, ya que los datos hacen referencia a su persona. Otra cosa es que se habiliten mecanismos de custodia de datos o infraestructuras tecnológicas para el almacenamiento, que entonces sí pueden asignar responsables (como ya pasa actualmente). A mí, como paciente, en un futuro más o menos lejano, me gustaría disponer de todos mis datos médicos en una única historia clínica para poderla compartir con los diferentes facultativos que me fueran atendiendo a lo largo de mi vida como paciente.

Rat Gasol: En un entorno tan híbrido como el de la salud digital, ¿qué tipo de talento necesitamos? ¿Ingenieros que entiendan de medicina o médicos que entiendan de tecnología?

David Marí: Esta es una excelente pregunta, porque creo que ambos perfiles serán necesarios y, además, harán falta nuevos. Por ejemplo, pienso que la pandemia evidenció por completo la utilidad de las videollamadas y de las interacciones a través de sistemas de chat y mensajería digital. Creo que esto todavía tiene mucho potencial de mejora. Hay empresas que ya están ofreciendo servicios de teleconsulta de pago y es una práctica que, desde el punto de vista asistencial, podría mejorar muchísimo.

Esto implicaría que profesionales médicos especializados en atender pacientes virtualmente podrían convertirse en un nuevo perfil en el futuro. Sabemos que los profesionales médicos desean el contacto presencial con sus pacientes,

pero muchísimas consultas podrían atenderse mediante estos mecanismos, ayudando a descongestionar el sistema. Este perfil de “médico online” creo que tiene todo el sentido del mundo a nivel de especialización dentro del sector.

Rat Gasol: ¿Está el sistema educativo preparando estos perfiles mixtos o seguimos formando profesionales del siglo XX para los retos del siglo XXI?

David Marí: Hay movimientos que ya se han hecho. Por ejemplo, el perfil de ingeniero biomédico es una titulación relativamente nueva, y van a aparecer en el futuro próximo nuevas titulaciones, sin duda. Lo que creo que es importante entender es que los perfiles de ingeniería en los centros de provisión de salud deberían potenciarse con más medios. Esto implicaría poder escalar los departamentos TIC e innovación en mayor medida para ayudar a la tecnificación digital de los hospitales y a descargar a los profesionales sanitarios de procedimientos con alta carga administrativa.

Rat Gasol: Desde su posición en Eurecat, ¿ve una estrategia de país en innovación en salud o seguimos acumulando iniciativas dispersas?

David Marí: Creo que se están dando pasos en la dirección correcta, que pasa por la digitalización y el empoderamiento de los pacientes y, sobre todo, por permitir que los servicios de salud lleguen más allá de los hospitales, a las casas de los ciudadanos. La tecnología debe permitirnos que los seguimientos médicos —en pacientes crónicos, por ejemplo— eviten desplazamientos innecesarios.

Evidentemente, no hablamos de casos de urgencias o tratamientos especializados que sí o sí necesitarán del hospital, pero pienso que, a nivel de seguimiento de pacientes, la tecnología tiene que poder aportar mucho más.

Rat Gasol: Si tuviera que resumir en una sola frase cómo imagina la salud del futuro, ¿cuál sería?

David Marí: Podría resumirlo en una sola palabra: “ubicuidad”. Yo pienso que la salud del futuro deberá tener en cuenta la premisa de que los servicios de salud deben poder llegar por múltiples canales y de manera rápida y efectiva a los usuarios. Pero esto implica también importantes cambios en el entorno: los ciudadanos tendrán que ser mucho más conscientes de cómo manejar sus propios datos de salud.

También creo que aumentará de manera coordinada la provisión de servicios públicos y privados. Por otro lado, creo que tiene que haber transformaciones en los propios espacios habitables, en las viviendas. Los servicios de salud conectados a nuestras casas (incluyendo elementos robóticos) estarán mucho más profesionalizados, y eso puede implicar también dedicar espacios del hogar pensados para facilitar la provisión de esos servicios.

Cierre

La conversación con David Marí deja una sensación de claridad práctica: la tecnología puede ser una gran aliada, pero solo si sabemos para qué la queremos. Innovar no es digitalizarlo todo, sino entender qué transformar y qué preservar. Y en eso, la salud aún tiene mucho que aprender de quienes piensan antes de programar.

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