La inteligencia artificial concentra hoy buena parte de la atención de las empresas, pero no es la única tecnología llamada a transformar la forma en que se computa, se protege la información o se desarrollan nuevos productos. Para Víctor Canivell, cofundador y chairman de Qilimanjaro Quantum Tech, la computación cuántica representa otra gran ola tecnológica que ya ha comenzado, aunque sus efectos más profundos todavía están por llegar.
Canivell insiste desde el inicio en desmontar una idea habitual: la computación cuántica no reemplazará a la informática actual. “La cuántica no va a sustituir a la convencional, sino que la va a complementar, la va a acelerar”.
En su opinión, el futuro será híbrido. Habrá cálculos que seguirán realizándose con ordenadores convencionales y otros que, por su complejidad, encontrarán en la computación cuántica una ventaja disruptiva.
Una tecnología que todavía está en desarrollo
Aunque la computación cuántica despierta cada vez más interés, Canivell recuerda que todavía se encuentra en una fase de desarrollo. Los ordenadores cuánticos ya existen y empresas como Qilimanjaro o IBM llevan años construyéndolos, pero sus capacidades siguen siendo limitadas. “Lo que hay ahora podríamos llamarles prototipos”.
Su principal utilidad hoy, explica, es permitir que investigadores y empresas empiecen a trabajar con una tecnología completamente distinta a la informática convencional y aprendan una nueva forma de programar.
Por ese motivo, los principales compradores de estos sistemas son actualmente instituciones públicas y centros de supercomputación. En España, el Barcelona Supercomputing Center ya integra computación convencional y computación cuántica para que investigadores y empresas puedan comenzar a desarrollar aplicaciones sobre ambas arquitecturas.
Qué podrá hacer la computación cuántica
Canivell explica que existen determinados problemas que un ordenador convencional puede resolver en teoría, pero no en la práctica, porque los recursos necesarios serían inasumibles.
Pone como ejemplo el estudio de moléculas para desarrollar nuevos materiales, fertilizantes, baterías o medicamentos. En estos casos, la computación cuántica promete abordar cálculos que hoy solo pueden resolverse mediante aproximaciones.
También señala otros dos ámbitos donde prevé un impacto importante: el consumo energético de determinados cálculos y los límites físicos a los que está llegando la miniaturización de los chips actuales.
En cualquier caso, insiste en que la computación cuántica no será más rápida para cualquier tarea. “No será todo más rápido, pero para ciertos casos que pueden ser muy importantes, lo va a ser, y muchísimo”.
La prioridad inmediata: la criptografía postcuántica
A lo largo de la conversación hay un asunto al que Canivell vuelve una y otra vez: la ciberseguridad. Explica que buena parte de los sistemas criptográficos utilizados actualmente podrían dejar de ser seguros cuando existan ordenadores cuánticos suficientemente potentes.
“Hoy estamos muy tranquilos con la criptografía porque nadie la puede romper. Pero con un computador cuántico suficientemente potente, que por cierto hoy aún no existe, pero existirá en un plazo de cinco, diez o quince años, resulta que podrán romper las claves de los secretos de lo que estamos encriptando hoy”.
Por ese motivo, considera imprescindible avanzar hacia la denominada criptografía postcuántica, basada en algoritmos diferentes a los actuales. “Todo el mundo tiene que preocuparse por la encriptación postcuántica”, asegura Canivell. Según explica, tanto Estados Unidos como la Comisión Europea ya han impulsado medidas para acelerar esa transición en los sistemas públicos y en el software utilizado por las administraciones.
Además, advierte sobre un riesgo que ya preocupa al sector: el conocido como “harvest now, decrypt later”, que consiste en capturar hoy información cifrada para descifrarla cuando la capacidad cuántica lo permita.
Prepararse antes de que llegue
Aunque no existe consenso sobre cuándo aparecerán ordenadores cuánticos con aplicaciones empresariales de gran impacto, Canivell sitúa ese horizonte entre cinco y quince años. Precisamente por esa incertidumbre considera que las organizaciones deberían comenzar ya su proceso de preparación.
Explica que hoy muchas empresas acceden a computadores cuánticos a través de la nube, no porque les aporten todavía una ventaja operativa inmediata, sino para aprender cómo deberán programarlos cuando la tecnología alcance la madurez suficiente. En su opinión, en línea con lo que recomiendan las principales consultoras de negocios como McKinsey o Boston Cosulting Group, ese aprendizaje puede marcar diferencias competitivas clave.
Un reto para empresas y consejos de administración
Canivell considera que todavía existe un gran desconocimiento sobre el impacto que tendrá esta tecnología. Aun así, cree que tanto la ciberseguridad como las futuras ventajas competitivas derivadas de la computación cuántica deberían empezar a formar parte de la agenda de los equipos directivos.
Refiriéndose a la transición hacia la criptografía postcuántica, resume así la situación: “Una cosa es llegar tarde, pero otra cosa es no tener ningún plan y que te cojan por sorpresa”.
Europa aún está a tiempo
La carrera por la computación cuántica también tiene una dimensión geopolítica. Canivell considera que Europa dispone de universidades y centros científicos del máximo nivel, comparables a los de Estados Unidos o China. Sin embargo, identifica mayores dificultades cuando las empresas deben crecer y acceder a grandes rondas de financiación.
Pese a ello, mantiene una visión abierta sobre el papel europeo: “Aún estamos a tiempo”. A su juicio, Europa necesita conservar tanto el conocimiento como la capacidad industrial para desarrollar esta tecnología y no depender exclusivamente de proveedores externos.
Qilimanjaro y la preparación de las empresas
Además de desarrollar ordenadores cuánticos, Qilimanjaro trabaja con empresas para identificar qué problemas podrán resolverse con computación cuántica y cómo empezar a preparar sus desarrollos.
Canivell menciona proyectos relacionados con logística, gestión de almacenes o mercados energéticos, en los que la compañía ayuda a sus clientes a comprender cómo cambiará la programación cuando los ordenadores cuánticos alcancen prestaciones suficientes.
La empresa prevé además ofrecer acceso a su computador cuántico a través de la nube, acompañado de servicios de consultoría para facilitar ese aprendizaje.
Una transformación que llegará
Durante la entrevista, Canivell establece un paralelismo con la inteligencia artificial. Recuerda que la inteligencia artificial llevaba muchos años desarrollándose antes de convertirse en una herramienta de uso generalizado y considera que la computación cuántica podría seguir una evolución similar: primero en aplicaciones muy concretas y, más adelante, con un alcance mucho mayor. Y el impacto económico puede ser, si no similar, incluso más disruptivo incluso que el de la inteligencia artificial.
Por eso insiste en que el momento para empezar a prepararse no llegará cuando la tecnología esté plenamente implantada. El momento es ahora.

