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Nuevas Tecnologías

Antonio Serrano Acitores: “La inteligencia artificial es un copiloto que potencia al directivo, pero el criterio humano sigue siendo irrenunciable”

La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad que está redefiniendo cómo se toman decisiones en las organizaciones. En este contexto, Antonio Serrano Acitores (experto en inteligencia artificial, abogado, profesor universitario, y empresario) analiza su impacto directo en los comités de dirección, donde ya no se debate si usarla o no, sino cómo hacerlo con criterio.

Su trayectoria, situada en la intersección entre derecho, tecnología y sociedad, le permite abordar la IA desde una perspectiva amplia: no solo como herramienta, sino como fenómeno que transforma la forma de pensar, decidir y liderar.

Hemos conversado con él en un nuevo episodio del podcast Tech Transition:

De la intuición a la predicción

Para Antonio Serrano Acitores, la irrupción de la inteligencia artificial supone un cambio estructural en la toma de decisiones estratégicas. “Probablemente la pregunta sería qué no cambia”, afirma, subrayando que se trata de una tecnología “no opcional” que ya está generando transformaciones profundas y rápidas.

Una de las claves está en su capacidad para procesar datos de forma avanzada. Si antes las decisiones se apoyaban en datos históricos y en la intuición, ahora las organizaciones pueden anticiparse. “A día de hoy podemos predecir con la inteligencia artificial”, explica. Esa capacidad predictiva, basada en el análisis en tiempo real, abre la puerta a pasar de decisiones tácticas a planteamientos estratégicos de largo plazo.

Lejos de plantear una sustitución del directivo, Serrano describe la IA como una herramienta de aumento de capacidades. “Es tener un copiloto que te apoya, te sirve de asesor y te ayuda a tomar mejores decisiones”, señala.

Ese “copiloto” aporta velocidad y profundidad en el análisis de datos, permitiendo a los equipos directivos centrarse en aquello que realmente genera valor. En este sentido, anticipa una tendencia clara: todo lo automatizable acabará automatizándose. Pero con matices. “Aunque con una cierta supervisión humana”, insiste, marcando el límite entre delegación y responsabilidad.

Decisiones estratégicas: más datos, mejor análisis

La utilidad de la inteligencia artificial no se limita a tareas operativas. Serrano es claro al respecto: también debe formar parte de las decisiones más relevantes. Reestructuraciones, fusiones, inversiones o análisis financiero son ámbitos donde su capacidad de detectar patrones invisibles para el ojo humano resulta especialmente valiosa.

“¿Por qué no analizar esos datos de manera apoyada por la IA e identificar patrones o tendencias que a lo mejor nosotros no vemos?”, plantea. La clave no es sustituir el juicio humano, sino enriquecerlo con una capa adicional de inteligencia basada en datos.

Ante el debate sobre los riesgos, Serrano introduce una doble advertencia: no utilizar la IA y utilizarla incorrectamente son errores que las organizaciones no pueden permitirse.

A diferencia de otras tecnologías que generaron expectativas no cumplidas, considera que la inteligencia artificial “ha tocado tierra”. Su adopción es masiva, pero su uso eficaz aún es limitado. De ahí la importancia de la formación. “No podemos hacer la política del avestruz”, afirma, subrayando la necesidad de una formación continua.

Además, recuerda que la IA no está exenta de fallos. “Comete alucinaciones”, advierte, por lo que la supervisión humana y el criterio siguen siendo esenciales. En última instancia, insiste en que “el ser humano, y la dignidad del ser humano, tiene que permanecer en el centro”.

Directivos como orquestadores de inteligencia artificial

El nuevo rol del directivo pasa por saber trabajar con estas herramientas. Serrano lo define con una idea clara: “Nos vamos a acabar convirtiendo en orquestadores de IAs”. 

Esa función exige una combinación de conocimiento técnico y habilidades humanas. La ecuación, en su opinión, es imbatible: “una máquina bien afinada con un ser humano bien preparado”. La IA no sustituye capacidades, sino que las amplifica. Por eso, cuanto mejor preparado esté el profesional, mayor será el impacto.

Uno de los cambios más profundos tiene que ver con la forma de interactuar con la tecnología. “Hemos pasado de buscar a preguntar”, explica. Este cambio sitúa en el centro la capacidad de formular buenas preguntas. Conceptos como prompt engineering o context engineering cobran relevancia en este nuevo entorno. No se trata solo de preguntar, sino de hacerlo con precisión y contexto. “Si le pregunto bien y le doy contexto, la respuesta va como un Fórmula 1”, resume.

Este giro también redefine los perfiles profesionales. Más allá del tecnólogo puro, emergen perfiles híbridos, con base humanista y capacidad crítica. Antonio Serrano los denomina “renacentistas digitales, es decir, gente que tiene una grandísima preparación en varias materias”.

A pesar de su potencial, hay ámbitos que, para Serrano, deben permanecer exclusivamente en manos humanas. Los agrupa en tres dimensiones: empatía, liderazgo y ética. La inteligencia emocional, la capacidad de guiar a otros y el juicio ético no son delegables. “Es una cuestión puramente humana”, afirma. En este punto, su visión conecta con una idea recurrente en su discurso: la tecnología debe estar siempre al servicio de las personas.

El directivo del futuro

Mirando a medio plazo, Antonio Serrano es contundente: “El que no utilice la IA está fuera del mercado. La brecha entre quienes utilizan la IA y quienes no lo hacen se ampliará de forma significativa. El perfil del directivo evolucionará hacia una combinación de competencias: conocimiento sólido (hard skills), pensamiento crítico, habilidades de liderazgo y una comprensión profunda de la tecnología. Todo ello bajo una lógica de servicio: “un líder tiene que estar al servicio de los demás. Debe tener autoridad, pero no porque sea autoritario, sino porque es ejemplo de servicio.”

Para quienes aún no han dado el paso en cuanto a la inteligencia artificial, su recomendación es clara: empezar por la educación. “Frente a la incertidumbre, conocimiento”, recuerda, citando a Marie Curie.

La formación, tanto formal como informal, es el punto de partida para integrar la IA en la toma de decisiones. Pero no es el único. Serrano añade un elemento fundamental: los datos. “La inteligencia artificial sin datos es como un Ferrari sin gasolina”, afirma. De ahí la necesidad de trabajar en la calidad, limpieza y gobernanza de los datos. Solo así, combinados con formación, pueden convertirse en una verdadera ventaja competitiva.

En un entorno donde la tecnología avanza a gran velocidad, Antonio Serrano Acitores defiende una idea clara: la inteligencia artificial no sustituye al directivo, pero sí redefine lo que significa serlo. Más que nunca, decidir bien dependerá de combinar datos, criterio y una preparación constante.

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