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Paco Martin IBM
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Paco Martín (IBM Quantum): «La computación cuántica ya existe, ya se utiliza y ya produce resultados científicamente útiles»

El especialista de IBM, que participó en el desarrollo de IBM Quantum Experience, una de las primeras plataformas de acceso en la nube a ordenadores cuánticos, sostiene que el reto ya no es demostrar que la tecnología funciona, sino preparar a organizaciones y profesionales para adoptarla: «La cuestión ya no es si debemos prepararnos, sino cuándo debemos empezar».

La trayectoria de Paco permite observar la computación cuántica desde dentro. Su experiencia en IBM le ha situado en uno de los puntos donde esta tecnología ha pasado de la promesa teórica a la infraestructura operativa. Participó en el desarrollo de IBM Quantum Experience, la interfaz que permitió a cualquier usuario acceder en línea al primer dispositivo cuántico instalado en la nube en 2016, y desde entonces ha seguido de cerca su evolución hacia una plataforma más robusta, con acceso abierto y opciones premium para instituciones y organizaciones.

Desde esa perspectiva, Paco defiende la idea de que la computación cuántica ya existe, ya se utiliza y ya produce resultados científicamente útiles. Lo que ocupa ahora a las organizaciones no es esperar a que la tecnología madure, sino anticiparse a las consecuencias que tendrá, tanto por las oportunidades que abre como por los riesgos que plantea para la seguridad digital.

Del concepto demostrado a la infraestructura desplegada

Durante años, el debate público sobre la computación cuántica ha oscilado entre dos extremos: la revolución inminente y la promesa que nunca llega a materializarse. Paco rechaza ambos. «La realidad es que existen los ordenadores cuánticos. Pueden usarse, en línea, por cualquiera. De hecho, ya se utilizan para investigaciones significativas en ciencia y negocios».

Para él, lo más destacable no es solo el estado actual del sector, sino la velocidad a la que evoluciona. Como ejemplo cita la reciente simulación de un complejo proteico de más de 12.000 átomos, realizada por investigadores de IBM, del instituto japonés RIKEN y de la Cleveland Clinic mediante la combinación de computación cuántica y supercomputación clásica. El resultado supera lo que un ordenador clásico podría calcular por sí solo. Pero lo que más subraya es el ritmo del avance: hace apenas seis meses, el mismo experimento permitía simular unos 300 átomos.

Esa aceleración es, en su opinión, la señal más clara de que se está entrando en una nueva fase de la informática, con mejores procesadores, algoritmos más avanzados, una base de talento creciente y un número cada vez mayor de organizaciones que exploran aplicaciones prácticas.

España y Europa en el mapa cuántico

La conversación llega pronto a un terreno cercano. El primer IBM Quantum System Two de Europa está operativo en San Sebastián, en el Centro de Computación Cuántica IBM-Euskadi, fruto de la colaboración con Basque Quantum (BasQ). Este sistema ofrece a estudiantes, desarrolladores, investigadores y empresas acceso a una de las arquitecturas cuánticas más avanzadas del mundo. A él se suma el IBM Quantum Data Center de Alemania, el único centro de datos cuántico de la compañía fuera de Estados Unidos.

Paco reconoce, no obstante, que el desafío europeo no es científico, sino industrial. «Europa se beneficia de una comunidad científica excepcional y de una larga tradición de excelencia en investigación. El reto es traducir ese liderazgo científico en liderazgo industrial y comercial». También destaca el papel de IBM Research y de sus colaboraciones con instituciones europeas en ciencia de materiales, física, algoritmos cuánticos y arquitecturas de computación de nueva generación.

Qué problemas puede resolver y qué sectores serán los primeros

Según Paco, las mayores oportunidades se concentran en problemas cuya complejidad crece de forma exponencial para los ordenadores clásicos: el descubrimiento de nuevos materiales, el desarrollo de fármacos, la optimización de cadenas de suministro y ciertos desafíos financieros. Los sectores con mayor potencial (química, farmacéutica, energía, ciencia de materiales, servicios financieros y logística) comparten, precisamente, la necesidad de afrontar retos computacionales de enorme dificultad.

Los ejemplos que aporta provienen de ámbitos muy distintos. En el sector financiero, HSBC ha demostrado que los algoritmos cuánticos pueden mejorar procesos concretos de negociación algorítmica de bonos: un estudio publicado registró una mejora de hasta el 34% en la predicción de la probabilidad de que una operación se ejecute al precio ofertado, respecto de los métodos clásicos habituales. En el ámbito energético, la investigación realizada con el Laboratorio Nacional Oak Ridge y la Cleveland Clinic modeló el comportamiento de las sales fundidas implicadas en la producción y gestión del tritio, un componente esencial de los futuros sistemas de energía de fusión. Empresas como Bosch exploran el diseño de nuevos materiales, y startups españolas como Global Data Quantum desarrollan software sobre tecnología cuántica de IBM, como su Quantum Portfolio Optimizer, concebido para simplificar la optimización dinámica de carteras sin exigir al usuario una profunda experiencia cuántica.

Todos estos trabajos apuntan, en palabras de Paco, hacia la llamada ventaja cuántica: el momento en que un ordenador cuántico puede ejecutar una tarea con mayor precisión, menor coste o más eficiencia que cualquier método puramente clásico.

La seguridad digital ante el horizonte cuántico

Si hay un asunto en el que Paco subraya la urgencia, es el de la ciberseguridad. La seguridad digital actual se apoya en sistemas criptográficos diseñados para la era clásica, y el avance de la computación cuántica obligará a migrar hacia soluciones criptográficas resistentes. «Hoy existen estándares y soluciones de criptografía seguros frente a la cuántica. Las organizaciones, desde gobiernos hasta empresas, deben comenzar esta transición ahora».

La razón es doble. Por un lado, las migraciones de seguridad tardan años. Por otro, existe el riesgo conocido como «cosechar ahora, descifrar después»: la información cifrada puede recopilarse hoy y descifrarse en el futuro, cuando actores malintencionados dispongan de ordenadores cuánticos suficientemente potentes. «La preparación debe comenzar mucho antes de que la amenaza se vuelva plenamente operativa».

La buena noticia, subraya, es que ya sabemos cómo protegernos. En 2024, el NIST, el organismo de normalización de Estados Unidos, publicó los tres primeros estándares de referencia de algoritmos de criptografía poscuántica. Dos de ellos, ML-KEM y ML-DSA, fueron desarrollados por investigadores de IBM junto con socios académicos e industriales. El tercero, SLH-DSA, fue codesarrollado por un investigador que más tarde se incorporó a la compañía, y un cuarto algoritmo de IBM, FN-DSA, ha sido seleccionado para futura estandarización. «El reto ahora es acelerar la adopción de estas tecnologías».

Qué deben hacer las organizaciones

Paco propone una hoja de ruta concreta para administraciones públicas y grandes empresas. El primer paso es adoptar una estrategia quantum-safe: identificar dónde se emplea criptografía vulnerable, desarrollar capacidades de criptoagilidad y emprender una migración gradual hacia tecnologías poscuánticas. «La cuestión ya no es si debemos prepararnos, sino cuándo debemos empezar».

Reconoce que la concienciación de los equipos directivos crece con rapidez, sobre todo por las implicaciones para la competitividad industrial, pero considera que aún queda camino para que la conversación trascienda lo puramente tecnológico y alcance el desarrollo de habilidades, la estrategia empresarial y la planificación a largo plazo. Su mensaje a un CEO o a un miembro de la junta que todavía perciba el asunto como una preocupación lejana es inequívoco: «Empieza a prepararte ya». Eso supone formar equipos internos capaces de seguir los avances del campo, participar en el ecosistema cuántico y actuar como puntos de referencia dentro de la organización. Quienes lo hagan hoy, sostiene, estarán mejor posicionados para aprovechar las oportunidades y gestionar los riesgos.

Un talento que ya no es solo de físicos

El punto de inflexión de la próxima década, según Paco, llegará con los ordenadores cuánticos tolerantes a fallos y a gran escala, capaces de ejecutar algoritmos complejos con la fiabilidad necesaria para superar de forma consistente los enfoques clásicos en determinadas clases de problemas. Será entonces cuando la adopción industrial y comercial se amplíe de manera notable.

Ese horizonte exige un perfil profesional más diverso de lo que a menudo se imagina. «La computación cuántica ya no es dominio exclusivo de los físicos. La física sigue siendo fundamental, por supuesto, pero construir un ecosistema cuántico requiere un abanico mucho más amplio de conocimientos». El sector necesitará desarrolladores de software, ingenieros que integren infraestructuras cuánticas y clásicas, especialistas en ciberseguridad, expertos en inteligencia artificial, matemáticos, científicos de datos y profesionales con un conocimiento profundo de cada industria. Muchos de los avances más relevantes, recuerda, se producen en la intersección de disciplinas, por lo que el desarrollo del talento se perfila como una prioridad estratégica para países y organizaciones.

La sociedad, ante el cambio

Paco concluye con una reflexión sobre la capacidad de la sociedad para asumir transformaciones de este calado. La historia, recuerda, demuestra que es posible adaptarse a un cambio tecnológico profundo, aunque ello requiere tiempo, educación y confianza. Cuando surgió internet, pocos podían prever hasta qué punto transformaría los negocios, las comunicaciones, la educación y la vida cotidiana; algo semejante ocurre hoy con la inteligencia artificial, y la computación cuántica puede convertirse en otra tecnología transformadora en áreas como el descubrimiento científico, la sanidad, la energía y la ciberseguridad.

El desafío, a su juicio, es que la sociedad evolucione junto con la tecnología, lo que implica invertir no solo en investigación e infraestructuras, sino también en educación, comprensión pública y debate transparente sobre oportunidades y riesgos. «Creo que la sociedad es capaz de acoger estos cambios, pero solo si la gente se siente informada e incluida en la conversación».

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